La noche caía rápidamente e Isabel no daba
crédito a sus ojos. No sabía que hacer, no recordaba cómo había llegado allí,
solo podía observar aterrada el cuerpo que yacía sin vida al fondo del
acantilado y la mancha de sangre que se veía extenderse más y más bajo él.
Pero
tal vez debamos retroceder un poco en el tiempo. Concretamente...